Entre las líneas que se forman en la palma de una mano y el arma que se empuña, existe un vacío por el que la literatura pasa a toda velocidad. Como boomerang. Como saeta. Algo roza el silencio y deja un pequeño corte; pero vuelve a esa mano que nunca la dejo de asir. Así, desde el breve relato de Cortázar, pasando por aquellos conocidos versos de Celaya cargando todo a futuro, llegando a la búsqueda de la palabra justa en Urondo; en el abismo que empuña la mano se proyecta el hecho literario como la vida misma…
Las líneas del futuro tienen forma de gatillo (Petrich)
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